Jehová es mi pastor; nada me faltará: Salmos 23:1 para un corazón confundido
Salmos 23:1: Jehová es mi pastor; nada me faltará. Descubre qué significa tener a Cristo como pastor y por qué con él ya no serás hallado falto.
Pasaje clave: Salmos 23:1
Vivimos rodeados de voces. Cada quien tiene su propia versión de las cosas, su manera de ver la vida, su verdad. Y mucha gente se ha metido tan hondo en lo que dice el hombre que ya no sabe dónde pararse.
David no empezó el salmo más querido de la Biblia con una opinión. Lo empezó con una persona.
“Jehová es mi pastor; nada me faltará.” (Salmos 23:1)
Son seis palabras. La primera mitad te dice quién es él. La segunda te dice lo que eso significa para tu vida.
Pero hay una pregunta escondida en ese versículo, y quiero hacértela antes de seguir. No te pregunto si Jehová fue el pastor de David, ni si es el pastor de tu mamá o de tus abuelos. Te pregunto si es el tuyo.
Porque todo lo que viene después en este salmo, los pastos delicados, las aguas de reposo, el valle de sombra de muerte, depende de esa palabrita: mi.
Dios no es el autor de la confusión
Si te sientes confundido, no eres el único. Todos andamos buscando alguna versión de la verdad. Pero nuestra posición no puede ser la del hombre. Tiene que ser la de Dios.
La Palabra dice que “Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33). La confusión la ponemos nosotros. Por eso tenemos que dejar de esperar que el hombre nos diga qué es la verdad y enfocarnos en lo que Dios dice que es la verdad.
La Palabra de Dios es verdad. Y en última instancia, Dios mismo es la verdad.
Él es el pastor divino.
“Jehová es mi pastor” quiere decir que tú eres su oveja
Si conoces al Señor Jesucristo como tu Señor y Salvador, tú eres una de sus ovejas. Jesús lo dijo así:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10:27-28)
Y luego añade que nadie las puede arrebatar tampoco de la mano del Padre, porque “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:29-30). Estás guardado en dos manos.
Un poco antes, en el mismo capítulo, Jesús nos dice qué clase de pastor es:
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Juan 10:11)
El acto de amor más grande que ha existido fue el del Señor Jesucristo. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Y Jesús mismo dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).
¿Sabes para qué te creó Dios? Para estar con él. Él quiere una relación personal contigo y conmigo. Y voluntariamente dio su vida para que tuviéramos esa oportunidad.
Fuiste comprado, y le costó todo
Si eres salvo hoy, eso no es algo que se vive un domingo al mes. Se vive todos los días. Hemos sido comprados, y el precio le costó a él todo.
“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Corintios 6:20)
En el capítulo siguiente Pablo lo repite: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres” (1 Corintios 7:23). Tú ya tienes dueño. Ya no le perteneces a la opinión de la gente.
La carta a los Hebreos llama a Jesús “el gran pastor de las ovejas”. Y pide que Dios nos haga “aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad” (Hebreos 13:20-21). Nuestras vidas existen para darle gloria al Señor, porque él dio la suya por sus ovejas.
Por eso nunca, nunca debe haber componendas en nuestro caminar con Dios. Pablo oraba para que todo nuestro ser, “espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23). Todo el ser, no un pedacito.
Si lo conocemos, tenemos que vivir para él. Y si él es el Señor de nuestra vida, ya no podemos seguir pensando que somos señores de nuestra propia vida.
Entonces, ¿quién está mandando en la tuya?
Un día vas a ver la cara de tu Pastor
El último libro de la Biblia nos da una promesa hermosa: “el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” (Apocalipsis 7:17).
El mismo Pastor que te guía aquí te va a guiar allá.
Hay algo muy consolador en el momento en que un hijo ve a su papá. Ese mismo domingo, en la mañana, el hermano Johnny predicó sobre la relación entre un hijo y su padre. Habló de cómo, en el momento en que el hijo necesitaba la ayuda de su papá, el papá ya estaba allí.
Así somos nosotros como hijos de Dios. Tenemos que estar animados para correr hacia él.
Ahora imagínate ver la cara de Dios. Él hizo tantas cosas por nosotros, se sacrificó por nosotros, y vamos a tener la oportunidad de correr a sus brazos.
¿Qué día va a ser ese?
Nada me faltará
La segunda mitad del versículo es una promesa: nada me faltará. Cuando servimos al pastor divino, no nos falta nada.
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:19)
Ahora, no te estoy diciendo que no va a haber tribulaciones ni tiempos difíciles. Los va a haber. Pero si conocemos al Señor Jesucristo, tenemos la gracia de Dios para atravesarlos.
Piensa en esto. Tal vez a ti y a un compañero de trabajo les dicen el mismo día que los van a despedir. Para los dos va a ser un tiempo de ansiedad, eso no lo niego. Pero si tú conoces al Señor, sabes quién tiene el control de tu mañana. Tienes la seguridad y la confianza en Dios para seguir avanzando.
Y quizás tu compañero no conoce a Dios. No tiene esa paz. Lo más seguro es que se está preocupando demasiado por el próximo paso, porque no tiene a nadie más grande que él en quien apoyarse.
El Señor es el único que puede calmar toda tormenta.
“Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.” (Salmos 34:9-10)
Fíjate en el orden. Primero viene el temor de Dios. Y fíjate también en lo que el versículo no dice. No promete que vas a recibir cualquier cosa mala que se te antoje. Dice que no te va a faltar ningún bien, nada de lo que Dios provee.
El mundo está repleto de cosas malas para nosotros. Si queremos cosas buenas en nuestra vida, tenemos que tener temor de Dios. Entonces no nos faltará nada.
Jesús dijo que la gente del mundo anda tras la comida, la bebida y la ropa. Pero también dijo que tu Padre sabe que tienes necesidad de estas cosas. Busca su reino, y lo demás te será añadido. Y luego dice estas palabras tan tiernas: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12:30-32).
Pesado en balanza, y hallado falto
Hay un hombre en la Biblia a quien le faltó todo, y no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde.
Belsasar era rey de Babilonia. Una noche hizo una gran fiesta con sus príncipes y su gente, y mandó traer los vasos sagrados que habían sido tomados del templo de Dios en Jerusalén. Esos vasos estaban apartados para el Señor, y él los usó para beber vino y alabar a sus ídolos. Se burló de Dios.
Y Dios le hizo una visita.
En medio de la fiesta aparecieron los dedos de una mano. Nadie veía nada más, solo la mano. Y empezó a escribir en la pared del palacio. El rey se llenó de terror y mandó buscar por todo el reino a alguien que pudiera decirle lo que significaba esa escritura. Así encontraron al profeta Daniel.
“Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN. Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.” (Daniel 5:25-28)
Belsasar vistió a Daniel de púrpura, le puso un collar de oro y lo proclamó el tercer señor del reino. Pero ese reino no le duró ni hasta el amanecer. “La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos”, y Darío de Media, de sesenta y dos años, tomó el reino (Daniel 5:30-31).
Si conocemos a Cristo y él es nuestro pastor, ese no tiene por qué ser nuestro caso.
Pero fíjate en cómo habla el mundo hoy. Dice: “Tú tienes tu verdad y yo tengo la mía. Tú cree lo que quieras, yo creo lo que yo quiera. Dios y yo nos entendemos a nuestra manera, y si él no está de acuerdo conmigo, pues ni modo.” Fuera de Cristo no somos nada. Y la Biblia dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado” (Gálatas 6:7).
Lo que la balanza siempre va a decir
¿Conoces las balanzas antiguas, las de dos platillos? Los comerciantes las usaban para hacer sus negocios.
Imagínate que tengo una de esas balanzas aquí, sobre la mesa. En un platillo pongo una pesa. Tú empiezas a poner tu dinero en el otro, y el platillo sube poco a poco, pero todavía no alcanza. Me tienes que pagar más. Cuando los dos platillos quedan parejos, sabes que pagaste lo justo.
Y esto es lo que el hombre dice de su propia vida: “Espero que lo bueno que he hecho pese más que lo malo. He hecho más bien que mal, así que me deberían dejar entrar al cielo.”
Entonces empieza a poner cosas en la balanza. Ayudé a una ancianita a cruzar la calle. Doy mi diezmo, doy para las misiones, doy a otras obras de caridad. Siempre he sido un buen hijo con mis padres. Trato de hacer todo lo bueno y de tener contento a todo el mundo.
Y mientras tanto, Dios mira la balanza y dice: no alcanza. Todavía no alcanza. Sigue sin alcanzar.
La Biblia dice que aun lo mejor de nosotros es “como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6). Puedes dar todo lo que tienes y nunca va a ser suficiente. Somos hallados faltos.
Pero cuando tienes a Cristo, él cubre tu pecado. Cuando Cristo está en la balanza, por fin queda pareja. Ahora sí alcanza para llegar al cielo, porque la Palabra de Dios lo dice.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9)
No hay nada malo en hacer el bien. Hacer el bien ayuda a la gente, y puede aliviar por un tiempo el dolor y el sufrimiento de otros. Pero si estás tratando de poner tus obras en la balanza delante de la Palabra de Dios, vas a salir falto.
No hay suficientes buenas obras en el mundo para inclinar esa balanza. Solo Cristo.
¿Lo conoces hoy? ¿Es él tu pastor?
Pon a Cristo primero
Si él es tu pastor, lo de Belsasar no es tu historia. Y si quieres las bendiciones de esta vida, la Biblia te dice dónde empezar:
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33)
Nunca vamos a fracasar mientras mantengamos a Cristo primero en nuestra vida. Si Dios va delante, no hay manera de perdernos.
La carta a los Hebreos lo pone en palabras que cualquier oveja cansada puede guardar en el corazón:
“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.” (Hebreos 13:5-6)
Eso es lo que significa nada me faltará. No que vas a tener todo lo que quieres, sino que nunca te vas a quedar sin él.
El mundo va a seguir gritando sus mil versiones de la verdad. Tu jefe puede darte una mala noticia el lunes. La balanza del hombre siempre te va a decir que te falta algo.
Pero David no dijo “nada me faltará” porque tuviera todo. Lo dijo porque tenía un pastor.
¿Lo tienes tú?
¿Es él tu pastor?
Ven a él hoy.
Adaptado de un mensaje predicado de Salmos 23:1 por Nelson Bonilla.
